El Valle del terror
El Valle del terror —Eran exactamente las once y media. Yo no habÃa empezado todavÃa a desvestirme, y estaba junto al fuego en mi dormitorio cuando oà el disparo. No fue muy estrepitoso, sino más bien ahogado. Bajé corriendo. Creo que no tardé ni treinta segundos en entrar en el cuarto.
—¿Se hallaba la puerta abierta?
—SÃ; abierta estaba. El pobre Douglas yacÃa tal y como lo está usted viendo. Encima de la mesa ardÃa la vela de su palmatoria Fui yo quien minutos después encendió la lámpara
—¿No vio usted a nadie?
—No. Oà que mistress Douglas venÃa escalera abajo detrás de mÃ, y salà corriendo para impedir que viese el tremendo espectáculo. Acudió mistress Allen, ama de llaves, y se la llevó. También llegó Ames, y los dos corrimos de nuevo a la habitación.
—He oÃdo decir que el puente levadizo permanece levantado durante la noche.
—Y lo estaba hasta que yo lo bajé.
—¿Cómo pudo entonces huir el asesino? Eso es totalmente imposible. Por consiguiente, mÃster Douglas se hirió a sà mismo.