El Valle del terror
El Valle del terror —Asà es. Todas las noches mÃster Douglas recorrÃa la casa antes de retirarse a descansar. Lo hacÃa como última tarea, para ver si las luces estaban como debÃan. Eso fue lo que lo trajo aquÃ. El asesino estaba al acecho y disparó contra él. Después huyó por la ventana y se dejó aquà la escopeta. Asà es como yo veo la cosa, porque sólo asà se explican todos los hechos.
El sargento echó mano a una tarjeta que habÃa junto al muerto en el suelo.
—¿Qué es esto? —dijo, examinándola.
Barker la contempló con curiosidad, y dijo:
—No la he visto hasta ahora. Con seguridad que se la dejó el asesino.
—V. V. trescientos cuarenta y uno. No se me ocurre qué puede querer decir.
El sargento siguió dándole vueltas entre sus dedazos.
—¿Qué son estas V. V.? Quizá las iniciales de alguien. ¿Qué es eso que tiene usted en la mano, doctor Wood?
Era un martillo de regulares dimensiones que estaba sobre la alfombra, delante de la chimenea; un martillo sólido, como de obrero. Cecil Barker apuntó entonces hacia una caja de clavos de cabeza de bronce que habÃa encima de la repisa de la chimenea, y dijo: