El Valle del terror
El Valle del terror —MÃster Douglas estuvo ocupado ayer en cambiar los cuadros de sitio. Yo mismo le vi encaramado en esa silla, clavando ese gran cuadro que hay encima. Eso explica la existencia del martillo.
—Lo mejor que podemos hacer es volverlo a colocar tal como estaba encima de la alfombra —dijo el sargento, rascándose la cabeza lleno de perplejidad—. Harán falta los mejores cerebros del Cuerpo de PolicÃa para llegar hasta el fondo de esto. Pasará a manos de los de Londres antes que lleguemos al final —alzó la lámpara portátil y se paseó lentamente por la habitación—. ¡Hola! —exclamó, muy excitado, descorriendo a un lado la cortina de la ventana—. ¿A qué hora se corrieron estas cortinas?
—En el momento en que se encendieron las lámparas —dijo el despensero—. SerÃan muy poco más de las cuatro.