El Valle del terror
El Valle del terror —MÃster McDonald, éste es un caso de los que sonarán pero que muchÃsimo —repetÃa una y otra vez—. En cuanto se enteren los de los periódicos, caerán por aquà como una nube de moscas. ConfÃo en que habremos terminado nosotros con nuestra tarea antes que ellos metan por todas partes sus narices y formen un lÃo con todas las pistas. Yo no recuerdo otro caso parecido a éste. MÃster Holmes, o yo estoy equivocado, o hay detalles que le van a impresionar a usted. Y también a usted, doctor Watson, porque los médicos tendrán que hablar antes que lleguemos al final de este asunto. Tienen ustedes reservada habitación en El Escudo de Westville. No hay otro sitio en que hospedarse, pero me han dicho que es lugar limpio y bien atendido. Este hombre llevará sus maletas. Por aquÃ, caballeros, por favor.
Era persona muy activa y simpática aquel detective de Sussex. En diez minutos estábamos ya cada cual en nuestra habitación. En otros diez nos encontrábamos sentados en el salón de la posada, y se nos servÃa un boceto rápido de todos los hechos que hemos descrito rápidamente en el capÃtulo anterior. McDonald tomaba, de cuando en cuando, alguna nota, mientras que Holmes escuchaba sentado y absorto, con la expresión admirativa de sorpresa y reverencia con que un botánico contempla una flor rara y preciosa.