El Valle del terror
El Valle del terror —Bien; la verdad es que ha expuesto usted su caso con mucha fuerza —contestó mi amigo, pensativo—. Sin duda alguna que habrÃa de apoyarlo en muchos de sus puntos flacos. ¿Puedo preguntarle, mÃster White Mason, si examinó usted inmediatamente la pared del lado exterior del foso con objeto de ver si existen allà señales de que el hombre en cuestión haya trepado por ella saliendo del agua?
—No habÃa ninguna señal, mÃster Holmes. Pero se trata de un reborde de piedra, y en esas condiciones no se podÃa esperar que las hubiese.
—¿Ni huellas ni señales?
—Ninguna.
—Bien. ¿HabrÃa algún inconveniente, mÃster White Mason, en que marchásemos inmediatamente a esa casa? Quizá encontráramos algún detalle pequeño que resultase expresivo.
—Se lo iba a proponer, mÃster Holmes, pero me pareció conveniente que, antes de marchar, estuviesen ustedes al tanto de los hechos. Me imagino que, si algo descubre usted que le llame la atención…
White Mason miró con expresión de duda al detective aficionado.
—Yo he trabajado antes de ahora con mÃster Holmes —dijo el inspector McDonald—. Él sigue el juego.