El Valle del terror
El Valle del terror —¡Buen golpe, … muy buen golpe! —exclamó Holmes—. Está desarrollando un inesperado pero cierto sentido agudo del humor, Watson, contra el que debo aprender a cuidarme. Pero al llamar criminal a Moriarty está expresando una difamación ante los ojos de la ley. ¡Y es precisamente allà donde yace la gloria y maravilla de esto! El más grande maquinador de todos los tiempos, el organizador de cada maldad, el cerebro que controla el sub-mundo, un cerebro que puede haber construido o destruido el destino de las naciones, ése es nuestro hombre. Pero tan lejos está de sospechas, tan inmune a la crÃtica, tan admirable en sus manejos y sus «actuaciones», que por esas palabras que acaba de pronunciar, lo podrÃa llevar a la corte y hacerse con su pensión anual como una reparación a su personalidad ofendida. ¿No es él el aclamado autor de Las Dinámicas de un Asteroide, un libro que asciende a tan raras cuestiones de matemática pura, que se dice que no hay individuo en la prensa cientÃfica capaz de criticarlo? ¿Es éste un hombre que delinque? ¡Doctor mal hablado y profesor calumniado, ésos serÃan sus respectivos roles! Eso es ser un genio, Watson. Pero si soy eximido por gente de menor inteligencia, nuestro dÃa seguramente vendrá.
—¡Espero estar ahà para verlo! —exclamé con devoción—. Pero estábamos hablando de este hombre, Porlock.