Historia del espiritismo
Historia del espiritismo Tomás Lake Harris es, sin duda, una de las más curiosas personalidades de que tenemos noticia. Era un compuesto de extremos opuestos, de suerte que cuanto hacía era determinadamente o para mal o para bien. Primero fue ministro universalista, lo que le valió el «Reverendo», que usó durante largo tiempo como prefijo. Rompió después con sus colegas, adoptó las enseñanzas de Andrés Jackson Davis, se convirtió en fanático espiritista, y por fin, como ya dijimos, fue uno de los jefes autocráticos de las almas y de los bolsillos de los colonizadores de Monte Cove. Llegó, no obstante, un momento en que los tales colonizadores se convencieron de que eran suficientes por sí mismos para ocuparse de sus propios negocios materiales y espirituales, y esto puso fin a la vocación apostólica de Harris. Trasladóse a Nueva York y allí se alistó en el movimiento espiritista, predicando en la Sala Dodworth, cuartel general del culto, y haciéndose en seguida una envidiable reputación de orador elocuente. Pero su megalomanía —es posible que fuera su obsesión— estalló muy pronto, llevándole a cometer extravagancias que los cuerdos y mesurados espiritistas que le rodeaban, no podían tolerar. Pretendía estar dotado de una inspiración profética. Y lo cierto es que él o algún espíritu a través suyo, produjo, entre otros, los poemas, «Un lírico de la Edad de Oro» y «La Tierra Matutina», composiciones de altos vuelos. Pero los espiritistas de Nueva York se negaron rotundamente a reconocer facultades sobrenaturales de ningún género en Harris, y éste, herido en lo más vivo de su amor propio, marchó a Inglaterra (1859), donde no tardó en cobrar fama de elocuente dando conferencias, en las cuales se dedicó a denigrar a sus primitivos colegas de Nueva York.