Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes -No veo ninguna señal.
-No las hay.
-Y entonces, ¿cómo lo sabe?
-Debajo de ella, la hierba estaba crecida. Sólo llevaba unos días tirada allí. No se veía que hubiera sido arrancada de ningún sitio próximo. Su forma corresponde a las heridas. No hay rastro de ninguna otra arma.
-¿Y el asesino?
-Es un hombre alto, zurdo, que cojea un poco de la pierna derecha, lleva botas de caza con suela gruesa y un capote gris, fuma cigarros indios con boquilla y lleva una navaja mellada en el bolsillo. Hay otros varios indicios, pero éstos deberían ser suficientes para avanzar en nuestra investigación.
Lestrade se echó a reír.
-Me temo que continúo siendo escéptico -dijo-. Las teorías están muy bien, pero nosotros tendremos que vérnoslas con un tozudo jurado británico.
-Nous verrons -respondió Holmes muy tranquilo-. Usted siga su método, que yo seguiré el mío. Estaré ocupado esta tarde y probablemente regresaré a Londres en el tren de la noche.
-¿Dejando el caso sin terminar?
-No, terminado.
-¿Pero el misterio… ?
-Está resuelto.