Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes -Le doy a usted las gracias -dijo el joven, levantándose y echándose encima el impermeable. Me ha dado usted nueva vida y esperanza. Seguiré, desde luego, su consejo.
-No pierda un solo instante. Y, sobre todo, cuídese bien entre tanto, porque yo no creo que pueda existir la menor duda de que está usted amenazado por un peligro muy real e inminente. ¿Cómo va a hacer el camino de regreso?
-Por tren, desde la estación Waterloo.
-Aún no son las nueve. Las calles estarán concurridas, y por eso confío en que no corre usted peligro. Pero, a pesar de todo, por muy en guardia que esté usted, nunca lo estará bastante.
-Voy armado.
-Bien está. Mañana me pondré yo a trabajar en su asunto.
-¿Le veré, pues, en Horsham?
-No, porque su secreto se oculta en Londres, y en Londres será donde yo lo busque.
-Entonces. yo vendré a visitarle a usted dentro de un par de días, y le traeré noticias de lo que me haya ocurrido con los papeles y la caja. Lo consultaré en todo.