Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes —Y yo, en busca de un enemigo.
—¿Un enemigo?
—SÃ, uno de mis enemigos naturales o, si se me permite decirlo, de mis presas naturales. En pocas palabras, Watson, estoy metido en una interesantÃsima investigación, y tenÃa la esperanza de descubrir alguna pista entre las divagaciones incoherentes de estos adictos, como me ha sucedido otras veces. Si me hubieran reconocido en aquel antro, mi vida no habrÃa valido ni la tarifa de una hora, porque ya lo he utilizado antes para mis propios fines, y el bandido del dueño, un antiguo marinero de las Indias Orientales, ha jurado vengarse de mÃ. Hay una trampilla en la parte trasera del edificio, cerca de la esquina del muelle de San Pablo, que podrÃa contar historias muy extrañas sobre lo que pasa a través de ella las noches sin luna.
—¡Cómo! ¡No querrá usted decir cadáveres!