Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes —¡Qué mal escrito! —murmuró Holmes—. No creo que esta sea la letra de su marido, señora.
—No, pero la de la carta sà que lo es.
—Observo, además, que la persona que escribió el sobre tuvo que ir a preguntar la dirección.
—¿Cómo puede saber eso?
—El nombre, como ve, está en tinta perfectamente negra, que se ha secado sola. El resto es de un color grisáceo, que demuestra que se ha utilizado papel secante. Si lo hubieran escrito todo seguido y lo hubieran secado con secante, no habrÃa ninguna letra tan negra. Esta persona ha escrito el nombre y luego ha hecho una pausa antes de escribir la dirección, lo cual sólo puede significar que no le resultaba familiar. Por supuesto, se trata tan sólo de un detalle trivial, pero no hay nada tan importante como los detalles triviales. Veamos ahora la carta. ¡Ajá! ¡Aquà dentro habÃa algo más!
—SÃ, habÃa un anillo. El anillo con su sello.
—¿Y está usted segura de que ésta es la letra de su marido?
—Una de sus letras.
—¿Una?
—Su letra de cuando escribe con prisas. Es muy diferente de su letra habitual, a pesar de lo cual la conozco bien.