Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes —«Querida, no te asustes. Todo saldrá bien. Se ha cometido un terrible error, que quizá tarde algún tiempo en rectificar. Ten paciencia, Neville.» Escrito a lápiz en la guarda de un libro, formato octavo, sin marca de agua. Echado al correo hoy en Gravesend, por un hombre con el pulgar sucio. ¡Ajá! Y la solapa la ha pegado, si no me equivoco, una persona que ha estado mascando tabaco. ¿Y usted no tiene ninguna duda de que se trata de la letra de su esposo, señora?
—Ninguna. Esto lo escribió Neville.
—Y lo han echado al correo hoy en Gravesend. Bien, señora St. Clair, las nubes se despejan, aunque no me atreverÃa a decir que ha pasado el peligro.
—Pero tiene que estar vivo, señor Holmes.
—A menos que se trate de una hábil falsificación para ponernos sobre una pista falsa. Al fin y al cabo, el anillo no demuestra nada. Se lo pueden haber quitado.
—¡No, no, es su letra, lo es, lo es, lo es!
—Muy bien. Sin embargo, puede haberse escrito el lunes y no haberse echado al correo hasta hoy.
—Eso es posible.
—De ser asÃ, han podido ocurrir muchas cosas entre tanto.