Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes -¡Me pongo como quiero! ¡Y usted también se pondrÃa asà si le fastidiasen tanto como a mÃ! Cuando pago buen dinero por un buen artÃculo, ahà debe terminar la cosa. ¿A qué viene tanto «¿Dónde están los gansos?» y «¿A quién le ha vendido los gansos?» y «¿Cuánto quiere usted por los gansos?» Cualquiera dirÃa que no hay otros gansos en el mundo, a juzgar por el alboroto que se arma con ellos.
-Le aseguro que no tengo relación alguna con los que le han estado interrogando -dijo Holmes con tono indiferente-. Si no nos lo quiere decir, la apuesta se queda en nada. Pero me considero un entendido en aves de corral y he apostado cinco libras a que el ave que me comà es de campo.
-Pues ha perdido usted sus cinco libras, porque fue criada en Londres -atajó el vendedor.
-De eso, nada.
-Le digo yo que sÃ.
-No le creo.
-¿Se cree que sabe de aves más que yo, que vengo manejándolas desde que era un mocoso? Le digo que todos los gansos que le vendà al Alpha eran de Londres.
-No conseguirá convencerme.
-¿Quiere apostar algo?