Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes »—Porque las últimas noches he oÃdo claramente un silbido bajo, a eso de las tres de la madrugada. Tengo el sueño muy ligero, y siempre me despierta. No podrÃa decir de dónde procede, quizás del cuarto de al lado, tal vez del jardÃn. Se me ocurrió preguntarte por si tú también lo habÃas oÃdo.
»—No, no lo he oÃdo. Deben ser esos horribles gitanos que hay en la huerta.
»—Probablemente. Sin embargo, si suena en el jardÃn, me extraña que tú no lo hayas oÃdo también.
»—Es que yo tengo el sueño más pesado que tú.
»—Bueno, en cualquier caso, no tiene gran importancia —me dirigió una sonrisa, cerró la puerta y pocos segundos después oà su llave girar en la cerradura.
—Caramba —dijo Holmes—. ¿TenÃan la costumbre de cerrar siempre su puerta con llave por la noche?
—Siempre.
—¿Y por qué?
—Creo haber mencionado que el doctor tenÃa sueltos un guepardo y un babuino. No nos sentÃamos seguras sin la puerta cerrada.
—Es natural. Por favor, prosiga con su relato.