Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes —¡Procure mantenerse fuera de mi alcance! —rugió. Y arrojando el hierro doblado a la chimenea, salió de la habitación a grandes zancadas.
—Parece una persona muy simpática —dijo Holmes, echándose a reÃr—. Yo no tengo su corpulencia, pero si se hubiera quedado le habrÃa podido demostrar que mis manos no son mucho más débiles que las suyas —y diciendo esto, recogió el atizador de hierro y con un súbito esfuerzo volvió a enderezarlo—. ¡Pensar que ha tenido la insolencia de confundirme con el cuerpo oficial de policÃa! No obstante, este incidente añade interés personal a la investigación, y sólo espero que nuestra amiga no sufra las consecuencias de su imprudencia al dejar que esa bestia le siguiera los pasos. Y ahora, Watson, pediremos el desayuno y después daré un paseo hasta Doctors' Commons, donde espero obtener algunos datos que nos ayuden en nuestra tarea.
Era casi la una cuando Sherlock Holmes regresó de su excursión. TraÃa en la mano una hoja de papel azul, repleta de cifras y anotaciones.