Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes —Veo que están haciendo obras —dijo Holmes—. Es allà donde vamos.
—El pueblo está allà —dijo el cochero, señalando un grupo de tejados que se veĂa a cierta distancia a la izquierda—. Pero si quieren ustedes ir a la casa, les resultará más corto por esa escalerilla de la cerca y luego por el sendero que atraviesa el campo. AllĂ, por donde está paseando la señora.
—Y me imagino que dicha señora es la señorita Stoner —comentĂł Holmes, haciendo visera con la mano sobre los ojos—. SĂ, creo que lo mejor es que hagamos lo que usted dice.
Nos apeamos, pagamos el trayecto y el coche regresĂł traqueteando a Leatherhead.
—Me pareciĂł conveniente —dijo Holmes mientras subĂamos la escalerilla— que el cochero creyera que venimos aquĂ como arquitectos, o para algĂşn otro asunto concreto. Puede que eso evite chismorreos. Buenas tardes, señorita Stoner. Ya ve que hemos cumplido nuestra palabra.
Nuestra cliente de por la mañana habĂa corrido a nuestro encuentro con la alegrĂa pintada en el rostro.