Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes —En cuanto regrese su padrastro, usted se retirará a su habitación, pretextando un dolor de cabeza. Y cuando oiga que él también se retira a la suya, tiene usted que abrir la ventana, alzar el cierre, colocar un candil que nos sirva de señal y, a continuación, trasladarse con todo lo que vaya a necesitar a la habitación que ocupaba antes. Estoy seguro de que, a pesar de las reparaciones, podrá arreglárselas para pasar allà una noche.
—Oh, sÃ, sin problemas.
—El resto, déjelo en nuestras manos.
—Pero ¿qué van ustedes a hacer?
—Vamos a pasar la noche en su habitación e investigar la causa de ese sonido que la ha estado molestando.
—Me parece, señor Holmes, que ya ha llegado usted a una conclusión —dijo la señorita Stoner, posando su mano sobre el brazo de mi compañero.
—Es posible.
—Entonces, por compasión, dÃgame qué ocasionó la muerte de mi hermana.
—Prefiero tener pruebas más terminantes antes de hablar.
—Al menos, podrá decirme si mi opinión es acertada, y murió de un susto.