Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes —Le digo que lo sabÃa. Recuerde usted que la chica dijo que su hermana podÃa oler el cigarro del doctor Roylott. Eso querÃa decir, sin lugar a dudas, que tenÃa que existir una comunicación entre las dos habitaciones. Y tenÃa que ser pequeña, o alguien se habrÃa fijado en ella durante la investigación judicial. Deduje, pues, que se trataba de un orificio de ventilación.
—Pero, ¿qué tiene eso de malo?
—Bueno, por lo menos existe una curiosa coincidencia de fecha. Se abre un orificio, se instala un cordón y muere una señorita que dormÃa en la cama. ¿No le resulta llamativo? —Hasta ahora no veo ninguna relación.
—¿No observó un detalle muy curioso en la cama?
—No.
—Estaba clavada al suelo. ¿Ha visto usted antes alguna cama sujeta de ese modo?
—No puedo decir que sÃ.
—La señorita no podÃa mover su cama. TenÃa que estar siempre en la misma posición con respecto a la abertura y al cordón… podemos llamarlo asÃ, porque, evidentemente, jamás se pensó en dotarlo de campanilla.