Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes »Bien, cuando pude recapacitar con sangre frÃa me sentà estupefacto, como ustedes pueden pensar, ante aquel encargo repentino que me habÃa sido confiado. Por un lado, como es natural, me alegraba, pues los honorarios eran como mÃnimo diez veces superiores a los que hubiera pedido de haber fijado yo precio a mis servicios, y cabÃa la posibilidad de que este encargo condujera a otros. Por otro lado, el rostro y la actitud de mi cliente me habÃan causado una desagradable impresión, y no me parecÃa que sus explicaciones sobre la tierra de batán bastaran para explicar la necesidad de que yo llegara allà a medianoche ni su extrema ansiedad respecto a la posibilidad de que yo hablara con alguien de mi misión. Sin embargo, deseché todos mis temores, despaché una buena cena, tomé un coche de punto hasta Paddington y di comienzo a mi viaje, tras haber obedecido al pie de la letra mi compromiso de guardar silencio.