Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes »Tomé en las manos el precioso estuche y miré con cierta perplejidad a mi ilustre cliente.
»—¿Duda usted de su valor? —preguntó.
»—En absoluto. Sólo dudo…
»—… de que yo obre correctamente al dejarla aquÃ. Puede usted estar tranquilo. Ni en sueños se me ocurrirÃa hacerlo si no estuviese absolutamente seguro de poder recuperarla en cuatro dÃas. Es una mera formalidad. ¿Le parece suficiente garantÃa?
»—Más que suficiente.
»—Se dará usted cuenta, señor Holder, de que con esto le doy una enorme prueba de la confianza que tengo en usted, basada en las referencias que me han dado. ConfÃo en que no sólo será discreto y se abstendrá de todo comentario sobre el asunto, sino que además, y por encima de todo, cuidará de esta corona con toda clase de precauciones, porque no hace falta que le diga que se organizarÃa un escándalo tremendo si sufriera el menor daño. Cualquier desperfecto serÃa casi tan grave como perderla por completo, ya que no existen en el mundo berilos como éstos, y serÃa imposible reemplazarlos. No obstante, se la dejo con absoluta confianza, y vendré a recuperarla personalmente el lunes por la mañana.