Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes »—¡SÃ, ladrón! —rugà yo, sacudiéndolo por los hombros.
»—No falta ninguna. No puede faltar ninguna.
»—¡Faltan tres! ¡Y tú sabes qué ha sido de ellas! ¿Tengo que llamarte mentiroso, además de ladrón? ¿Acaso no te acabo de ver intentando arrancar otro trozo?
»—Ya he recibido suficientes insultos —dijo él—. No pienso aguantarlo más. Puesto que prefieres insultarme, no diré una palabra más del asunto. Me iré de tu casa por la mañana y me abriré camino por mis propios medios.
»—¡Saldrás de casa en manos de la policÃa! —grité yo, medio loco de dolor y de ira—. ¡Haré que el asunto se investigue a fondo!
»—Pues por mi parte no averiguarás nada —dijo él, con una pasión de la que no le habrÃa creÃdo capaz—. Si decides llamar a la policÃa, que averigüen ellos lo que puedan.