Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes —¡Dios le bendiga! Está usted haciendo todo lo que puede por él y por mÃ. Pero es una tarea desmesurada. Al fin y al cabo, ¿qué estaba haciendo allÃ? Y si sus intenciones eran honradas, ¿por qué no lo dijo?
—Exactamente. Y si era culpable, ¿por qué no inventó una mentira? Su silencio me parece un arma de dos filos. El caso presenta varios detalles muy curiosos. ¿Qué opinó la policÃa del ruido que le despertó a usted?
—Opinan que pudo haberlo provocado Arthur al cerrar la puerta de su alcoba.
—¡Bonita explicación! Como si un hombre que se propone cometer un robo fuera dando portazos para despertar a toda la casa. ¿Y qué han dicho de la desaparición de las piedras?
—TodavÃa están sondeando las tablas del suelo y agujereando muebles con la esperanza de encontrarlas.
—¿No se les ha ocurrido buscar fuera de la casa?
—Oh, sÃ, se han mostrado extraordinariamente diligentes. Han examinado el jardÃn pulgada a pulgada.