Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes —Ahora me gustarÃa mucho subir al piso de arriba —dijo—. Probablemente tendré que volver a examinar la casa por fuera. Quizá sea mejor que, antes de subir, eche un vistazo a las ventanas de abajo.
Caminó rápidamente de una ventana a otra, deteniéndose sólo en la más grande, que se abrÃa en el vestÃbulo y daba al sendero de los establos. La abrió y examinó atentamente el alféizar con su potente lupa.
—Ahora vamos arriba —dijo por fin.
El gabinete del banquero era un cuartito amueblado con sencillez, con una alfombra gris, un gran escritorio y un espejo alargado. Holmes se dirigió en primer lugar al escritorio y examinó la cerradura.
—¿Qué llave se utilizó para abrirlo? —preguntó.
—La misma que dijo mi hijo: la del armario del trastero.
—¿La tiene usted aqu�
—Es esa que hay encima de la mesita.
Sherlock Holmes cogió la llave y abrió el escritorio.
—Es un cierre silencioso —dijo—. No me extraña que no le despertara. Supongo que éste es el estuche de la corona. Tendremos que echarle un vistazo.