Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes »—¡Puf! ¡Denigrante! ¡Sencillamente denigrante! —exclamó, elevando en el aire sus rollizas manos, como arrebatado por la indignación—. ¿Cómo se le puede ofrecer una suma tan lamentable a una dama con semejantes atractivos y cualidades?
»—Es posible, señor, que mis cualidades sean menos de lo que usted imagina —dije yo—. Un poco de francés, un poco de alemán, música y dibujo…
»—¡Puf, puf! —exclamó—. Eso está fuera de toda duda. Lo que interesa es si usted posee o no el porte y la distinción de una dama. En eso radica todo. Si no los posee, entonces no está capacitada para educar a un niño que algún dÃa puede desempeñar un importante papel en la historia de la nación. Pero si las tiene, ¿cómo podrÃa un caballero pedirle que condescendiera a aceptar nada por debajo de tres cifras? Si trabaja usted para mÃ, señora, comenzará con un salario de cien libras al año.
»Como podrá imaginar, señor Holmes, estando sin recursos como yo estaba, aquella oferta me pareció casi demasiado buena para ser verdad. Sin embargo, el caballero, advirtiendo tal vez mi expresión de incredulidad, abrió su cartera y sacó un billete.