Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes »—Es también mi costumbre —dijo, sonriendo del modo más amable, hasta que sus ojos quedaron reducidos a dos ranuras que brillaban entre los pliegues blancos de su cara —pagar medio salario por adelantado a mis jóvenes empleadas, para que puedan hacer frente a los pequeños gastos del viaje y el vestuario.
»Me pareció que nunca habÃa conocido a un hombre tan fascinante y tan considerado. Como ya tenÃa algunas deudas con los proveedores, aquel adelanto me venÃa muy bien; sin embargo, toda la transacción tenÃa un algo de innatural que me hizo desear saber algo más antes de comprometerme.
»—¿Puedo preguntar dónde vive usted, señor? —dije.
»—En Hampshire. Un lugar encantador en el campo, llamado Copper Beeches, cinco millas más allá de Winchester. Es una región preciosa, querida señorita, y la vieja casa de campo es sencillamente maravillosa.
»—¿Y mis obligaciones, señor? Me gustarÃa saber en qué consistirÃan.
»—Un niño. Un pillastre delicioso, de sólo seis años. ¡TendrÃa usted que verlo matando cucarachas con una zapatilla! ¡Plaf, plaf, plafl ¡Tres muertas en un abrir y cerrar de ojos! —se echó hacia atrás en su asiento y volvió a reÃrse hasta que los ojos se le hundieron en la cara de nuevo.