Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes »Yo no daba crédito a mis oÃdos. Como puede usted observar, señor Holmes, mi pelo es algo exuberante y de un tono castaño bastante peculiar. Han llegado a describirlo como artÃstico. Ni en sueños pensarÃa en sacrificarlo de buenas a primeras.
»—Me temo que eso es del todo imposible —dije. Él me estaba observando atentamente con sus ojillos, y pude advertir que al oÃr mis palabras pasó una sombra por su rostro.
»—Y yo me temo que es del todo esencial —dijo—. Se trata de un pequeño capricho de mi esposa, y los caprichos de las damas, señorita, los caprichos de las damas hay que satisfacerlos. ¿No está dispuesta a cortarse el pelo?
»—No, señor, la verdad es que no —respondà con firmeza.
»—Ah, muy bien. Entonces, no hay más que hablar. Es una pena, porque en todos los demás aspectos habrÃa servido de maravilla. Dadas las circunstancias, señorita Stoper, tendré que examinar a algunas más de sus señoritas.
»La directora de la agencia habÃa permanecido durante toda la entrevista ocupada con sus papeles, sin dirigirnos la palabra a ninguno de los dos, pero en aquel momento me miró con tal expresión de disgusto que no pude evitar sospechar que mi negativa le habÃa hecho perder una espléndida comisión.