Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes —SÃ, desde luego, la paga es buena… demasiado buena. Eso es lo que me inquieta. ¿Por qué iban a darle ciento veinte al año cuando tendrÃan institutrices para elegir por cuarenta? Tiene que existir una razón muy poderosa.
—Pensé que si le explicaba las circunstancias, usted lo entenderÃa si más adelante solicitara su ayuda. Me sentirÃa mucho más segura sabiendo que una persona como usted me cubre las espaldas.
—Oh, puede irse convencida de ello. Le aseguro que su pequeño problema promete ser el más interesante que se me ha presentado en varios meses. Algunos aspectos resultan verdaderamente originales. Si tuviera usted dudas o se viera en peligro…
—¿Peligro? ¿En qué peligro está pensando? —Holmes meneó la cabeza muy serio.
—Si pudiéramos definirlo, dejarÃa de ser un peligro —dijo—. Pero a cualquier hora, de dÃa o de noche, un telegrama suyo me hará acudir en su ayuda.