El Agente secreto
El Agente secreto La cara de Ossipon se habÃa vuelto de un rojo sombrÃo.
—En el perfecto detonador, ¿eh? —se burló, muy despacio.
—Sà —respondió el otro—. Es una buena definición. Usted no podrÃa encontrar ninguna fórmula tan precisa para definir toda su actividad de comités y delegaciones. El verdadero propagandista soy yo.
—No discutiremos ese punto —dijo Ossipon, con aire de ponerse por encima de las consideraciones personales—. Temo, sin embargo, tener que estropearle su fiesta. Un hombre fue volado a pedazos esta mañana en el parque de Greenwich.
—¿Cómo lo sabe usted?
—Han estado aullando la noticia en la calle desde las dos.
Compré el periódico, y en ese momento entré aquÃ. Entonces lo vi sentado en esta mesa. Ahora lo tengo en mi bolsillo.
Sacó el periódico. Era una hoja de buen tamaño, rosada, como encendida por el calor de sus propias convicciones, que eran optimistas. Recorrió las páginas rápidamente.