El Agente secreto
El Agente secreto —Si la policÃa de aquà fuera competente, lo acribillarÃa de balas de revólver, o tratarÃa de ejercitar su punterÃa en usted por la espalda a plena luz del dÃa.
ParecÃa que el hombrecillo ya habÃa considerado esta posibilidad a su manera confiada, desapasionada.
—Sà —asintió con extraordinaria prontitud—. Pero para eso tendrÃan que enfrentarse a sus propias instituciones. ¿Ve usted? Eso exige un coraje poco habitual. Un coraje de otra clase.
Ossipon pestañeó.
—Me imagino que eso es exactamente lo que le sucederÃa si instalara su laboratorio en Estados Unidos. Allá no se andan con ceremonias con sus instituciones.
—No es probable que yo vaya y haga la experiencia. Por otra parte, su observación es exacta —reconoció el otro—. Allá tienen más carácter, y su carácter es esencialmente anárquico. Terreno fértil para nosotros, Estados Unidos; muy buen terreno. La gran República tiene en su interior la raÃz de la materia destructiva. El temperamento colectivo carece de ley. Excelente. Ellos pueden matarnos a tiros, pero…
—Usted es demasiado trascendental para mà —gruñó Ossipon, con aspecto abatido.