El Agente secreto
El Agente secreto —Mi mayor dificultad consiste precisamente en hacer experiencias prácticas con los diversos tipos. Es necesario probarlos, después de todo. Además…
Ossipon interrumpió.
—¿Quién podrÃa ser ese sujeto? Le aseguro que nosotros en Londres no sabÃamos una palabra… ¿PodrÃa usted describir la persona a quien entregó la mercaderÃa?
El otro dirigió sus gafas hacia Ossipon como un par de reflectores.
—Describirlo —repitió, lentamente—. No creo que ahora pueda haber la menor objeción. Se lo describiré con una sola palabra… Verloc.
Ossipon, a quien la curiosidad habÃa levantado unas pocas pulgadas de su asiento, se dejó caer, como si hubiera sido golpeado en el rostro.
—¡Verloc! Imposible.
El hombrecillo, absolutamente seguro de sÃ, hizo un leve gesto de afirmación.
—SÃ. Él es la persona. Usted no puede decir que en este caso entregué mi mercaderÃa al primer loco que se presentó. Él era, según entiendo, un miembro destacado del grupo.