El Agente secreto
El Agente secreto A veces era la señora Verloc la que acudÃa al llamado de la campanilla cuarteada. Winnie Verloc era una mujer joven de pecho abundante, corpiño ajustado y anchas caderas. Su cabellera estaba muy cuidada. De ojos tranquilos como su marido, mantenÃa un aire de impenetrable indiferencia detrás del baluarte del mostrador. El cliente de años relativamente tiernos, entonces, quedaba súbitamente desconcertado al tener que tratar con una mujer, y con rabia en su corazón formulaba el pedido de una botella de tinta para marcar, seis peniques de precio de venta al público (un chelÃn y seis peniques en la tienda de Verloc), botella que una vez afuera arrojarÃa disimuladamente a la cuneta del desagüe.