El Agente secreto
El Agente secreto —No podemos tolerar la inocencia de unos niñitos desagradables —dijo el personaje voluminoso e inflado, como si se inflara un poco más. La mirada altanera, inclinada, golpeó la alfombra de un modo aplastante a los pies del subcomisario—. Tendrán que recibir un buen golpe en los nudillos por este asunto. Debemos estar en condiciones de… ¿Cuál es su opinión general, en pocas palabras? No necesita entrar en detalles.
—No, sir Ethelred. En principio, yo dirÃa que la existencia de agentes secretos no deberÃa ser tolerada, ya que tienden a aumentar los peligros reales derivados del mal contra el cual se los utiliza. Es un lugar común conocido que el espÃa fabrica su información. Pero en la esfera de la acción polÃtica y revolucionaria, basada en parte en la violencia, el espÃa profesional tiene todas las facilidades para fabricar los hechos propiamente tales, y propagará el doble mal de la emulación en una dirección, y del pánico, la legislación apresurada, el odio irreflexivo, en la otra. No obstante, éste es un mundo imperfecto…
La Presencia de voz profunda sobre la alfombra, inmóvil, con grandes codos salidos, dijo de prisa:
—Sea claro, por favor.
—SÃ, Sir Ethelred… Un mundo imperfecto.[10] Por eso, tan pronto como vislumbré el carácter de este asunto, pensé que deberÃa ser manejado con especial reserva, y me permità venir hasta acá.