El Agente secreto
El Agente secreto —¿Pequeña? ¿Verdad? Me alegro de escucharlo. Pero si es asÃ, es una lástima que usted no se mantuviera alejado. Esta batalla lo agota terriblemente. El hombre está quedando exhausto. Lo noto por la forma como se apoya en mi brazo cuando caminamos. Y me pregunto, ¿no corre peligro al andar por la calle? Mullins trajo a sus hombres hasta aquà esta tarde. Hay un policÃa de punto debajo de cada poste, y de cada dos personas que encontramos entre aquà y Palace Yard, una es evidentemente un detective. Eso pronto le dará en los nervios. ¿No es probable, me pregunto, que alguno de estos granujas extranjeros le arroje algo? SerÃa una calamidad nacional. El paÃs lo necesita.
—Sin hablar de su pérdida. Él se apoya en su brazo —insinuó el subcomisario, sobriamente—. Los dos caerÃan.
—¿SerÃa una forma fácil de que un hombre joven entre en la historia? No son muchos los ministros británicos que han caÃdo asesinados, de manera que el incidente no dejarÃa de tener importancia. Pero seriamente, ahora…
—Temo que si usted quiere entrar en la historia tenga necesidad de hacer algo para conseguirlo. Seriamente, el único peligro que corren ustedes dos proviene del exceso de trabajo.
El simpático Toodles saludó esta salida con una risita.