El Agente secreto
El Agente secreto —Las PesquerÃas no me matarán. Estoy acostumbrado a las horas tardÃas —declaró, con ingenioso desplante. Pero, sintiendo un inmediato escrúpulo, asumió un aire de estadista pensativo, como el de la persona que se saca un guante.
—Su poderoso intelecto soporta cualquier cantidad de trabajo. A lo que temo es a sus nervios. La pandilla reaccionaria, con ese bruto abusador de Cheeseman[11] a la cabeza, lo insulta cada noche.
—¡Si él insiste en comenzar una revolución! —murmuró el subcomisario.
—El momento ha llegado, y él es el único que tiene la necesaria grandeza —protestó el revolucionario Toodles, tratando de husmear debajo de la mirada serena, especulativa, del subcomisario. En algún lugar de un corredor una campanilla distante sonó con urgencia, y el joven, con celosa vigilancia, aguzó el oÃdo—. Ahora está listo para partir —exclamó en un susurro, cogió su sombrero, y desapareció de la sala.