El Agente secreto
El Agente secreto El carro y los caballos, sumidos en una sola masa detrás del subcomisario, parecÃan algo vivo: un monstruo negro y de espaldas cuadradas que bloqueaba la mitad de la calle, con súbitas patadas recubiertas de hierro, fieros tintineos metálicos, y pesados resoplidos. El resplandor de mal agüero, ásperamente festivo, de una taberna grande y próspera, enfrentaba el otro extremo de Brett Street a través de una calle ancha. Esta barrera de luces resplandecientes, opuesta a las sombras congregadas alrededor del humilde albergue de la felicidad doméstica del señor Verloc, parecÃa concentrar en sà misma la oscuridad de la calle y hacerla más tenebrosa, cavilosa, y siniestra.