El Agente secreto
El Agente secreto Winnie, con el sombrero puesto, silenciosa detrás de la espalda de su madre, continuó arreglando el cuello del manto de la vieja mujer. Cogió su cartera, un paraguas, con rostro impasible. Había llegado el momento de gastar la suma de tres chelines y seis peniques en lo que bien podía ser el último viaje en coche de la vida de la madre de la señora Verloc. Ellas salieron de la puerta de la tienda.