El Agente secreto

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La «virtud» de esta política consistía en lo siguiente (la madre de la señora Verloc era sutil a su manera): que la posición moral de Stevie resultaría reforzada.[12] El pobre niño —un niño bueno y útil, aunque un poco raro— carecía de una situación suficientemente sólida. Había sido recogido junto con su madre, de un modo semejante a como se había recogido el amueblado de la casa de Belgravia, como si perteneciera a ella en forma exclusiva. «¿Qué ocurrirá —se preguntaba ella (porque la madre de la señora Verloc era imaginativa en cierta medida)—, cuando yo me muera?». Y cuando se hacía esa pregunta se la hacía con temor. Y también era terrible pensar que entonces no tendría manera de saber qué ocurría con el pobre niño. Pero al entregarlo a su hermana, al irse en esta forma, ella le daba la ventaja de una posición directamente dependiente. Ésta era la consecuencia más sutil del heroísmo y de la falta de escrúpulos de la madre de la señora Verloc. Su acto de abandono era en realidad un arreglo para instalar permanentemente a su hijo en la vida. Si otra gente hacía sacrificios materiales para conseguir ese objetivo, ella actuaba en esa forma. Era la única forma. Además, ella estaría en condiciones de ver qué resultados daba. Para bien o para mal, evitaría la horrible incertidumbre en el lecho de muerte. Pero era duro, duro, cruelmente duro.


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