El Agente secreto
El Agente secreto Dirigió una rápida mirada al muchacho, casi un hombre joven, al lado suyo. Lo vio amable, atractivo, afectuoso, y sólo un poco, un poquito raro. Y ella no podía verlo de otro modo, porque él estaba conectado con lo que había de la sal de la pasión en su vida insípida —la pasión de la indignación, del valor, de la piedad, e incluso del autosacrificio. Ella no agregó: «Y es probable que nunca tengas mientras yo viva». Pero lo habría podido agregar perfectamente, ya que había tomado medidas efectivas para alcanzar ese fin. El señor Verloc era un muy buen marido. Tenía la honesta impresión de que a nadie podía dejar de gustarle el muchacho. De pronto gritó:
—Rápido, Stevie. Detén el bus verde.
Y Stevie, trémulo e importante con su hermana Winnie cogida de su brazo, lanzó el otro muy alto por encima de su cabeza frente al bus que se aproximaba, con pleno éxito.