El Agente secreto
El Agente secreto El señor Verloc continuó despojándose de su ropa con la distraída concentración interior del hombre que se desviste en la soledad de un desierto vasto y sin esperanzas. Porque así de inhospitalaria se presentaba esta hermosa tierra, nuestra herencia común, a los ojos del espíritu del señor Verloc. Todo estaba tan quieto, adentro y afuera, que el solitario tic tac del reloj del rellano penetró en el dormitorio, como en busca de compañía.