El Agente secreto
El Agente secreto La señora Verloc, llena de profunda intención, habló con el tono de la más ligera indiferencia.
—No hay ninguna necesidad de tener a la mujer aquí todo el día. Me las arreglaré muy bien con Stevie.
Dejó que el solitario reloj del rellano avanzara quince tic tacs hacia el abismo de la eternidad, y preguntó:
—¿Quieres que apague la luz?
El señor Verloc le replicó a su mujer roncamente:
—Apágala.