El Agente secreto
El Agente secreto —Ah, sÃ; usted espera que los otros hagan para ustedes el trabajo de quitarme de encima, ¿no es asÃ? No, no; ustedes no van a sacudirme ahora. Yo he sido un hombre correcto para esa gente durante demasiado tiempo, y ahora todo debe salir a flote.
—Déjelo salir, entonces —afirmó la voz indiferente del inspector jefe Heat—. Pero dÃgame ahora cómo logró escaparse.
—Me dirigÃa a Chesterfield Walk —escuchó la señora Verloc decir a la voz de su marido—, cuando escuché la explosión. Entonces comencé a correr. Neblina. No divisé a nadie antes de haber pasado el fin de George Street. Creo que no encontré a nadie hasta entonces.
—¡Asà de fácil! —Se maravilló la voz del inspector jefe Heat—. La explosión lo sorprendió, ¿eh?
—SÃ; se produjo demasiado pronto —confesó la voz sombrÃa, ronca, del señor Verloc.
La señora Verloc apretó el oÃdo contra el ojo de la cerradura; sus labios estaban azules, sus manos frÃas como el hielo, y sentÃa como si su rostro pálido, en el que los dos ojos parecÃan dos agujeros negros, estuviera envuelto en llamas.