El Agente secreto
El Agente secreto El inspector jefe, con la mano en la perilla de la puerta, susurró al rostro del señor Verloc:
—Él puede haber sido medio retardado, pero usted debe de haber estado loco. ¿Qué pudo hacerle perder la cabeza de esta forma?
El señor Verloc, pensando en el señor Vladimir, no vaciló en la elección de las palabras.
—Un cerdo hiperbóreo —silbó, con fuerza—. Un… lo que usted podría llamar… un caballero.