El Agente secreto
El Agente secreto —Como parecÃa muy ansioso de volver donde estaba su mujer en la tienda, lo dejé irse, Sir Ethelred.
—¿S� Pero ese individuo va a desaparecer.
—Perdóneme. No me parece. ¿A qué lugar podrÃa ir? Además, usted debe recordar que él también tiene que pensar en el peligro que viene de sus camaradas. Él está ahà en su puesto. ¿Cómo podrÃa explicar que lo abandonara? Pero aun cuando no hubiesen obstáculos para su libertad de acción, él no harÃa nada. En este momento carece de energÃa moral para tomar decisiones de cualquier especie. PermÃtame señalarle, también, que si yo lo hubiera detenido, estarÃamos comprometidos en una lÃnea de acción acerca de la cual me gustarÃa conocer, primero, sus intenciones precisas.
El gran personaje se levantó pesadamente. Era una forma oscura, imponente, en la penumbra verdosa de la habitación.
—Veré al Fiscal General esta noche, y lo mandaré a llamar a usted mañana por la mañana. ¿Desea decirme algo más ahora?
El subcomisario también se habÃa puesto de pie, delgado y flexible.
—Creo que no, Sir Ethelred, salvo que tuviera que entrar en detalles que…
—No. Nada de detalles, por favor.