El Agente secreto
El Agente secreto —La riqueza y precisión de detalles convencerán a la gran masa del público —avanzó suavemente el subcomisario.
—De manera que ustedes están decididos a hacer eso.
—Tenemos al sujeto en nuestro poder; no nos queda otra alternativa.
—No harán más que exaltar el espÃritu mentiroso de estos canallas revolucionarios —protestó el señor Vladimir—. ¿Para qué quieren hacer un escándalo? ¿Por moralidad… o qué?
La ansiedad del señor Vladimir era obvia. El subcomisario, después de confirmar por este medio que debÃa haber alguna verdad en las breves declaraciones del señor Verloc, dijo con indiferencia:
—Hay un aspecto práctico, también. Ya tenemos bastante con ocuparnos de la especie auténtica. No se puede decir que no seamos efectivos. Pero no tenemos la menor intención de que nos molesten, bajo ningún pretexto, las falsificaciones.
El tono del señor Vladimir se volvió altivo.
—Por mi parte, no puedo compartir su punto de vista. Es egoÃsta. Nadie puede dudar de mis sentimientos por mi propio paÃs; pero siempre he sentido que también deberÃamos ser buenos europeos… Me refiero a los gobiernos y a los hombres.