El Agente secreto
El Agente secreto —Podemos ponerle la mano encima a cualquiera de los anarquistas que hay aquà —continuó el subcomisario, como si estuviera citando al inspector jefe Heat—. Lo único que se necesita ahora es eliminar al agente provocador para que todo esté seguro.
El señor Vladimir hizo señas a un coche que pasaba.
—No va a entrar ahà —observó el subcomisario, mirando un edificio de proporciones nobles y aspecto acogedor, con la luz de un gran vestÃbulo que caÃa a través de sus puertas de cristal sobre una amplia escalinata.
Pero el señor Vladimir, sentado, con ojos pétreos, en el interior del coche, se alejó sin decir palabra.
El subcomisario tampoco se dirigió al noble edificio. Era el Explorers’ Club. Por su mente pasó la idea de que el señor Vladimir, miembro honorario, no serÃa visto muy a menudo ahà en el futuro. Miró su reloj. Sólo eran las diez y media. HabÃa tenido una tarde muy ocupada.