El Agente secreto
El Agente secreto Y el camarada Ossipon de nuevo caminó. Esa noche su robusta forma fue vista en distintas partes de la enorme ciudad que dormitaba en forma monstruosa en una alfombra de lodo, bajo un velo de cruda niebla. Se la vio cruzando calles sin vida ni sonido, o disminuyendo en las interminables perspectivas rectas de casas en penumbra que bordeaban avenidas vacías delimitadas por cordones de lámparas de gas. Caminó a través de rotondas, plazas, óvalos, prados, a través de calles monótonas de nombres desconocidos, donde el polvo de la humanidad se aposenta inerte y desesperanzado fuera de la corriente de la vida. Caminó. Y de pronto giró a un pedazo de jardín delantero con un miserable trozo de césped, y se introdujo a una pequeña casa sucia con una llave que sacó de su bolsillo.