El Agente secreto
El Agente secreto Se arrojó a su cama enteramente vestido, y permaneció inmóvil durante un cuarto de hora completo. Después se irguió de forma súbita, recogiendo las rodillas y cogiéndose las piernas. La primera luz del alba lo encontró con los ojos abiertos, en esa misma postura. Este hombre que podía caminar tanto rato, tan lejos, tan sin destino, sin mostrar un solo signo de fatiga, también podía permanecer sentado inmóvil durante horas sin mover un músculo o un párpado. Pero cuando el sol tardío envió sus rayos a la habitación, él separó sus manos, y cayó de espaldas sobre la almohada. Sus ojos miraron al techo. Y de pronto se cerraron. El camarada Ossipon dormía a la luz del día.