El Alma del Guerrero
El Alma del Guerrero —Vamos —dijo él con voz controlada—. Éste es el momento. —Hizo una pausa que duró mucho tiempo y después, con la misma claridad, prosiguió—. Os doy mi palabra que toda mi fe ha muerto.
Su voz perdió de repente la serenidad. Tras esperar un poco añadió en un murmullo:
—Y todo mi valor... Os doy mi palabra.
Transcurrió otra larga pausa antes de que, con gran esfuerzo, susurrara con voz ronca:
-¿No basta esto para conmover a un corazón de piedra? ¿Voy a tener que ponerme de rodillas ante vos?
De nuevo se cernió el silencio sobre los tres. Entonces el oficial francés lanzó contra Tomassov su última palabra de ira:
—¡Marica!
No se movió ni un solo rasgo del semblante del pobre hombre. Yo decidà ir a buscar un par de soldados para que condujeran al miserable prisionero a la aldea. No habÃa otra alternativa.