El corazón de las tinieblas
El corazón de las tinieblas "Yo no pensaba que fueran a atacarnos, por varias razones obvias. La espesa niebla era una de ellas. Si se alejaban de la orilla en sus piraguas, se encontrarían perdidos en el río, igual que nosotros si intentábamos movernos. No obstante, yo había considerado que la selva de ambas orillas era absolutamente impenetrable y a pesar de ello había allí ojos que nos habían visto. La selva en ambas márgenes del río era con toda certidumbre muy espesa, pero la maleza podía por lo visto ser penetrada. Sin embargo, yo no había visto canoas en ninguna parte, y mucho menos cerca del barco. Pero lo que hacía que me resultara inconcebible la idea de un ataque era la naturaleza del sonido. Los gritos que habíamos escuchado no tenían el carácter feroz que precede a una intención hostil inmediata. A pesar de lo inesperados, salvajes y violentos que fueron, me habían dejado una impresión de irresistible tristeza. La contemplación del vapor había llenado a aquellos salvajes, a saber por qué razón, de un dolor desenfrenado. El peligro, si existía, expliqué, residía en la proximidad de una gran pasión humana desencadenada. Hasta el dolor más agudo puede al fin desahogarse en violencia, aunque por lo general tome la forma de apatía…