El pirata
El pirata —Es usted el primero que sube a bordo en muchos años.
Las mujeres de los pescadores le admiraron por su intrepidez, pues, de hecho, Peyrol les parecÃa un ser temible.
«Debà habérmelo imaginado —pensó Peyrol—, a juzgar por el espantoso estado en que se encuentra». La gaviota afectada habÃa regresado con algunas amigas tan indignadas como ella, volando todas en cÃrculo, a diferentes niveles y chillando salvajemente sobre la cabeza de Peyrol. Éste gritó de nuevo:
—¿A quién pertenece?
El ser que se mantenÃa sobre las muletas alzó un dedo hacia los circulantes pájaros y respondió con voz profunda:
—A ellos… por lo que a mà se me alcanza. —Y como Peyrol le mirara por encima de la borda, agregó—: Antes pertenecÃa a Escampobar. ¿Conoce Escampobar? Es una casa en la hondonada entre aquellas colinas.
—SÃ, conozco Escampobar —gritó Peyrol, volviéndose para apoyarse en el mástil y adoptar una postura que mantuvo largo rato.